lunes, 31 de agosto de 2009

DOS ESCLAVOS


Acaba de llegar a la mazmorra y, tras la puerta, le espero con cierta cara de enfado. Apenas le miro y, de espaldas a él, me enfundo unos guantes de látex. Mientras me dirijo con pasos lentos hacia la jaula, le digo seriamente que se desvista y se coloque a cuatro patas. En la jaula hay un chico joven y atractivo amordazado cuyo rostro presenta unas trazas de pintura de ojos, signo inequívoco de sus llantos cuyo nombre es esclavo-zorra. Mi otro perro ya está desnudo y dispuesto a todo por su dueña, la situación no pinta bien para mi chucho y se que Apenas puede disimular sus nervios cuando le abro la puerta de la jaula y le arrastro, como a un perro, por la correa.. Con voz firme y sin mirarle le ordeno que se introduzca en la jaula. Un titubeo suyo obtiene respuesta inmediata, un sonoro fustazo en sus nalgas. Rápidamente se apresura y se mete, entonces le cierro la puerta asegurándola con un candado. De rodillas, mi perro tiembla y, con su mordaza puesta, intenta besar mis pies en un vano intento de apaciguar mi enfado. La correa tira de su cuello para evitar tan patéticos gestos. Entonces rompo mi silencio y me dirijo a él: “perro idiota, te he encerrado en la jaula para que veas como castigo a esclavo-zorra por su desobediencia. Parece que a
Esclavo zorra no le agradan los fluidos de su diosa. Se los di como premio y no me gusto nada como los escupió. Quiero que presencies su castigo para que tú también aprendas lo que pasa por no entregarte a tu ama en cuerpo y alma.” Tras un fustazo el esclavo-zorra se echa sobre el potro de spanking y, resignado a su destino, se deja atar con las correas en silencio. ..... El castigo ha sido severo y prolongado, las nalgas del esclavo estarán marcadas bastante tiempo. Entonces decido marcharme, y les dejo en la jaula, al esclavo-zorra atado al potro sollozando con la mordaza ya llena de babas. Sin que adivinen cuanto tiempo permanecerán en mi jaula contemplando este sádico espectáculo, pero se que cuando les saque se mostrarán más sumisos y dispuestos que nunca, la advertencia ha quedado clara.

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